Ni aun en tu pensamiento digas mal del rey, ni en lo secreto de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra. (Eclesiastés 10:20 RVR1960).
Explicación contextual
Este versículo es parte de toda una argumentación donde usa variadas comparaciones poéticas de sabiduría (sapiensal) sobre los necios, la vida y la vanidad, este entonces es el punto central. Salomón describió que el decir mal de alguien se sabrá, aún en pensamientos, esto es a raíz de la necedad, que de tal manera es muy pesada, más que la sabiduría y el honor, comparando la necedad como las moscas muertas que pudren el ungüento del perfumista (v.1), hace una comparación entre el sabio y el necio, pero que el necio demuestra por su falta de entendimiento que es realmente necio (vv.2-3), que si alguien es víctima de la ira del gobernante, no abandonar su puesto y con serenidad se apacigua la ira, que la necedad es un mal en este mundo que se la eleva, mientras que los sabios y príncipes se les ve en baja estima (vv.4-7), después dio descripciones sobre cosas que se hacen y sus riesgos, pero que con sabiduría hay éxito (vv.8-10), que de nada sirve el domador de serpientes si primeramente la serpiente muerde (v.11), que las palabras de los sabios son llenas de gracia, pero en los labios del necio son para hundirse a sí mismo, que de comienzo contiene pura insensatez y al final perversa locura, que habla demasiado, que nadie sabe lo que pasará y que el trabajo del necio cansa (vv.12-16), también un ay al lugar que tenga un rey inexperto y tienen malos hábitos, pero bendición para el rey noble y sus príncipes que tienen buenos hábitos, para no andar en libertinaje (v-17), después descripciones sabias sobre la negligencia, la pereza, el placer, el vino y el dinero, que prácticamente tienen sus consecuencias (vv.18-19), luego la descripción del versículo central de este devocional, sobre "no maldecir", por último, describió unas exhortaciones sobre echar el pan en el agua, repartir porciones, sobre las lluvias, sobre quien observa el viento y mira las nubes no hace una labor, después la ignorancia que tiene el hombre en cuanto a estas cosas dando una comparación, entonces de igual manera tampoco conoce como obra Dios y continuó con una exhortación de seguir trabajando (11:1-6), que a pesar del gozo del hombre en sus días de vida, hay mucho tiempo de tinieblas y lo porvenir es vanidad (vv.7-8).
Explicación contextualizada
Es difícil hermanos no hablar de alguien, sobre todo, cuando vemos que es alguien que daña, pero como nos habla el Señor por medio de este versículo central, el "no hablar mal", ni siquiera en pensamientos, entonces es para considerar. Una de las características del necio es hablar cosas imprudentemente, hablar mal de las autoridades, blasfemar aún a autoridades angélicas (Judas 1:8-10), porque no tiene sabiduría, es falto de inteligencia y lamentablemente nosotros estamos propensos a decir necedades, tonterías, comentar fuera de lugar y sobre todo, juzgar por apariencia y esto es en donde tenemos que meditar, pensar y examinarnos a nosotros mismos, como por ejemplo con la siguiente pregunta: ¿somos necios en nuestro hablar? A veces también puede suceder que nos hemos encontrado con ciertas personas, altivas y que nos han gritado en su enojo, nos han ofendido y es allí que dejamos mucho que desear, respondemos de la misma manera, nos olvidamos de lo siguiente en la palabra de Dios: "No respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él. Responde al necio según su necedad, para que no sea sabio ante sus propios ojos. (Proverbios 26:4-5), en vez de que nuestra conducta apacible tome el control de la situación. Y también nosotros podemos estar llenos de ira y justo nos hemos encontrado con alguien que cuando nos habló de manera apacible, de manera humilde, con sabiduría, no nos dio ganas de seguir enojados y de responder de mala manera, nos sentimos avergonzados por nuestro enojo y esa palabra amable nos calmó de esa ira que sentíamos, esto es porque se cumple lo siguiente: "La suave respuesta aparta el furor, mas la palabra hiriente hace subir la ira." (15:1), pero cuando nos hablan desafiantes más nos enojamos, ¿nos hemos dado cuenta de aquello? Lamentablemente estamos en un tiempo donde hay mucha falta de conocimiento, no se enfatiza la importancia del discernimiento, el juicio evaluativo que Dios permite (Juan 7:24), porque muchas veces hablamos mal de alguien sin conocer a fondo todos los motivos posibles para emplear un justo juicio, a veces cuando nos hemos encontrado con un hermano que hace un año no se congrega con nosotros, lo primero que le decimos es esta frase trillada y mas encima con tono de broma: "Que andas descarriado", lo juzgamos por apariencia, estamos usando mal esa frase juzgando mal a tal hermano, en vez de abrazarlo o hablar de que Jesús le ama o que "es un placer haberle visto, lo extrañamos" que es por lejos muchísimo mejor que andar tratando de descarriado a la ligera, aún si fuese cierto, pero el punto es que uno no conoce a fondo cuales son los reales motivos de su alejamiento, ni siquiera uno lo ha ido a ver a su casa para decir que está supuestamente descarriado, entonces, esto en vez de animar al hermano a congregarse en la circunstancia en que se encuentra, lo alejamos más, lo hundimos, en vez de hablar de Jesús, hablamos con tácticas y frases clichés denominacionales de manipulación que coartan la conciencia del individuo, porque hemos hablado mal, tal vez esté mucho más consagrado que uno, que esté perseverando en otra congregación, tal vez en una prueba en donde él necesita estar solo por un tiempo, tal vez esté enfermo y lo que más necesita es que lo visitemos, nos congreguemos en su casa, entonces, no medimos las palabras de nuestra lengua, también pasa con los chismes o "cahuines" como se dice en Chile, que en vez de hablar una crítica constructiva, con sabiduría, humildad y con el propósito de ayudar en hechos, demostrar que nuestra fe es viva, hablamos críticas y opiniones vacías, murmuraciones, malas sospechas, andamos como un impío, como el necio, con puras palabrerías, que en vez de trabajar para la obra de Dios y esta no es solo dentro en cuatro paredes sino desde donde uno se encuentre, empezando por nuestro hogar, estamos ociosos, disfrutando de nuestro libertinaje, viviendo una religión vana, no refrenamos nuestra lengua (Santiago 1:26; 2:1-12), hablamos mal de las autoridades, mal de los ricos por nuestra envidia, de los guías de las congregaciones, de los hermanos, aún en nuestros pensamientos puras contiendas inútiles y ficticias, así atentamos contra el cuerpo de Cristo y somos parte de la corrupción que tanto en nuestro falso celo denunciamos de las autoridades. Una cosa hermanos es que identifiquemos el error y si uno ve algo mal en otra persona, uno puede emplear un juicio justo, uno puede hablar y denunciar a un falso hermano, a alguien que anda en hipocresía o esté enseñando falsas doctrinas, esto no es hablar mal, sino hablar lo que corresponde y a veces es necesario, pero otra cosa es emplear malas palabras contra alguien, maldiciones, tergiversar un argumento, aún en nuestros pensamientos, calumnias, mentiras o malas sospechas sin conocer realmente las causas, es decir, andar dando falso testimonio contra nuestro prójimo (Éxodo 20:16). Entonces por eso mismo es esta palabra de hoy, que controlemos más nuestra lengua, que si vamos andar usando mal nuestra lengua, mejor la usemos intercediendo en oración por los demás, en nuestros pensamientos en vez de usarlos para contiendas ficticias, mejor meditemos más en misericordia, en discernimiento espiritual y en la palabra de Dios, que también debemos tener cuidado con quienes hablamos ciertas cosas, porque hay mucho traicionero y además de contar nuestro secreto, más si es una queja contra alguien, le incluye sentimientos ajenos, lo exagera e incluye otros diálogos o tergiversa el secreto para que suene suculentamente polémico y sea deleite para el impío, porque hay muchos testigos por allí, así que también esto sirve para cuidar nuestro testimonio, porque ¿qué pasa si justo fue una queja contra algún hermano, pero este lo escuchó y es por eso que no quiere congregarse con uno, o peor aún, no quiere saber nada del evangelio?, en fin, que en vez de quejarnos más del pecado ajeno, nos fijemos en nosotros mismos, en vez de enojarnos y quejarnos contra nuestro prójimo, mejor nos enojemos y nos quejemos contra el pecado o por andar pecando, para que seamos consistentes y para apartarnos del mal con la ayuda de Jesús.
Aplicación
De acuerdo con lo desarrollado:
- Cuando estemos más propensos a quejarnos de los demás en todas las áreas, es decir, de boca, de corazón o de pensamiento, empleemos el mandamiento de Jesús en nuestra oración (Mateo 6:9-15), porque indica que es a raíz de la falta de perdón.
- A discernir antes de emplear un juicio, a conocer a fondo para emplear una correcta opinión (Juan 7:24), no andar opinando con base a malas sospechas, cuidarnos de traicioneros, así cuidadermos también nuestro testimonio.
- Pedir sabiduría si andamos como necios, que nos esforcemos en hablar amablemente para calmar la ira y no responder con necedad (Proverbios 26:4-5; Santiago 1:5-6).
- Que controlemos nuestra lengua y que nos dediquemos con ella a cosas espirituales como interceder en oración, hablar críticas constructivas de sabiduría y fe viva, que hablemos más de Jesús que nuestros clichés denominacionales
- Si tenemos una queja contra alguien aún en nuestros pensamientos es mejor encomendar esas quejas a nuestro Padre, ser sincero y arrepentirnos de tales pensamientos, para que la paz de Cristo guarde nuestros corazones (Filipenses 4:6-7), que nuestro enojo sea contra el pecado y no contra nuestros hermanos.
Conclusión
Es un asunto difícil de hacer frente, pero con la ayuda de Dios es posible. Nuestra falta de oración y comunión con nuestro Padre es causa de que empecemos a usar nuestra mente y nuestros labios para decir muchas cosas que no corresponden, así que a tomar en cuenta el versículo citado, "no hablemos mal de nadie" porque igual se llegará a saber y Dios deja manifiesto lo que hay en nuestro corazón a veces para que nos avergoncemos de tales situaciones, entonces qué mejor que empleemos más un justo juicio, el discernimiento, el amor, más sabiduría y menos necedades.
Bendiciones en Cristo.
Bendiciones en Cristo.
