“Jesús al decir “mirad que nadie os engañe” es una orden que implica uso de un discernimiento desarrollado, una evaluación crítica (cf. Mateo 24:4-7)”.
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Introducción
Saludos a todos. Planteo la relación que existe entre el cristiano y la autocrítica; ¿cuál es su función?; el énfasis y su finalidad; los riesgos cuando uno es demasiado crítico consigo mismo; la importancia del discernimiento; clarificar malentendidos; lo espiritual de la crítica y autocrítica; contraste del uso de la autocrítica. En fin, para entender más sobre la autocrítica espiritual en cada uno de nosotros.
La crítica y autocrítica
Definiciones
La crítica en el diccionario de la lengua española (2024), en su quinta acepción, es definida de la siguiente manera: "Inclinado a enjuiciar hechos y conductas generalmente de forma desfavorable". Esta es una idea general cuando se habla de crítica en nuestros días; además, dejaré su definición etimológica del mismo diccionario: "Del lat. critĭcus, y este del gr. κριτικός kritikós; la forma f., del lat. critĭca, y este del gr. κριτική kritikḗ".
La autocrítica también es definida en el mismo diccionario en su tercera acepción de la siguiente manera: "Juicio crítico sobre obras o comportamientos propios" (Real Academia Española, 2024); esta idea está más que clara.
La crítica en sí es una opinión racional que distingue lo bueno y lo malo de un asunto en particular; puede ser sobre una cosa, persona, idea, planteamiento, escrito, hipótesis, teoría; también implica decisión, diferenciación de cosas. María Eugenia de la Chaussée Acuña en su artículo “Aprendiendo a ser críticos” de la Revista Magistralis número 28, declara lo siguiente: “Criticar es otra de las operaciones mentales que compartimos todos los seres humanos” (De la Chaussée, 2015, p. 71). La crítica está relacionada con el juicio, con distinguir y separar asuntos:
Criticar nos lleva a juzgar, es decir, a reunir pruebas y evidencias suficientes, ponderar las evidencias, sopesar pros y contras, reflexionar, buscar razones, argumentar y juzgar. El resultado de criticar es formular un juicio fáctico o de valor. Las preguntas que la estimulan son: ¿es esto así en la realidad?, ¿es verdad esto? (De la Chaussée, 2015, p. 71).
Su base puede ser moral, artística, en fin, de muchas otras disciplinas.
La autocrítica funciona cuando alguien se discierne a sí mismo, se juzga a sí mismo de manera objetiva lo bueno y malo, lo correcto e incorrecto, lo positivo y negativo, para concluir, considerar o reflexionar sobre dicha obra, asunto o comportamiento.
Antes de comenzar a explorar la autocrítica, primero, aclararé algunos malentendidos sobre la crítica que hay que desmentir.
La crítica en su forma distorsionada
“Quien emplea la verdadera crítica analiza los pros y contras; entonces, en el sentido primario o verdadero de la crítica, es algo bueno”.
Siempre es mala
La crítica ha sido oscurecida, según el autor Fernando Leal Carretero en su aporte “¿Qué es crítico? Apuntes para la historia de un término”, en la Revista Mexicana de Investigación Educativa:
[…] con el tiempo el concepto de “crítico” y “crítica” ha quedado ya muy oscurecido y desgastado por el uso, y por ello se me ocurre pensar que tal vez la “renovación” que se busca debería comenzar por reflexionar sobre esa historia de oscurecimiento y desgaste a partir de los sentidos originales los cuales, por cierto en mi opinión, eran muy claros y brillantes (Leal Carretero, 2003, p. 245).
Es importante reconocer lo anterior, porque existe desacuerdo, malos entendidos, tanto quienes la emplean como quienes las reciben. Hay personas que dicen: "La crítica siempre es mala; siempre tiene que ver con lo subjetivo" y concluyen que no hay tal cosa como "crítica constructiva". Generalmente, son personas que tienen en su mentalidad esa idea de la "confesión positiva" sobre "lo que suene negativo siempre es malo y lo que suene positivo siempre es bueno; hay que evitar decir no, porque siempre es malo, etc."; siguen alguna corriente de pensamiento nueva era o esotéricos, entre otros, pero en lo que respecta a la crítica, son prejuicios, porque se está generalizando. No soporta el análisis de las definiciones de la crítica; por ejemplo, una de las raíces de la palabra crítica en griego es la palabra "κριτικός" (kritikós); esta quiere decir "capacidad de discernir" o, como expone el diccionario etimológico de Chile (2024), como: "El que separa lo bueno de lo malo", se entiende que es la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo. Quien emplea la verdadera crítica analiza los pros y contras; entonces, en el sentido primario o verdadero de la crítica, es algo bueno. Algunos pueden ignorar, en especial, a quienes les gusta juzgar incorrectamente, insultar y opinar de manera subjetiva. Están haciendo mal uso de la crítica y no su buen uso, por ejemplo: en vez de dar un juicio objetivo, insultan y dicen que es "crítica constructiva"; en vez de dar una opinión completa de un artículo, solo resaltan lo "negativo" y omiten o no admiten lo positivo, como sucede con la falacia de evidencia incompleta (cherry picking):
[…] es la acción de citar solo los casos individuales o datos que parecen confirmar cierta postura a la vez que se ignoran las pruebas que podrían contradecirla. Es un tipo de falacia de atención selectiva, el ejemplo más común es el sesgo de confirmación" (Wikipedia, 2024).
O sesgos de confirmación: "es la tendencia a favorecer, buscar, interpretar y recordar la información que confirma las propias creencias o hipótesis, dando desproporcionadamente menos consideración a posibles alternativas" (Wikipedia, 2024). Ese uso errado desprestigia la verdadera función de la crítica. También, uno puede tener un prejuicio de la crítica si se ignora su verdadera función.
Cuando hacemos una crítica con propiedad, es percibida negativamente por muchas personas acostumbradas a no ser reales, a caer bien y que prefieren mentir. No les gusta escuchar la verdad, por un prejuicio errado sobre crítica, supuestamente siempre es mala: No soportan que expongan sus errores o simplemente, porque son hipócritas, cuando en su corazón resuelven vivir de apariencias; como los narcisistas y manipuladores.
Es verdad que el crítico tiende a ser negativo que positivo, pero depende de cada persona y no anula el verdadero valor de la crítica. Ojalá este escrito sirva a todo crítico.
“Cuando hacemos una crítica con propiedad, es percibida negativamente por muchas personas acostumbradas a no ser reales, a caer bien y que prefieren mentir”.
Ataque personal
Cabe añadir que existe una crítica en forma de ataque verbal; en mi opinión, es consecuencia del uso incorrecto que la persona realiza, por ejemplo, el criticón, quien insulta, abusa del análisis para solo expresar veneno y esparcir palabras venenosas:
El criticón es el que todo lo censura, abusa de la crítica pues está inclinado permanentemente a encontrar siempre los errores, los defectos. No es lo mismo criticar que opinar. Dar una opinión es cuando se manifiesta algo pero no se proporcionan evidencias sustentadas, simplemente es una expresión basada en lo que se sabe o en creencias o prejuicios. Critiquizar es abusar de la crítica, traspasando sus justos límites (De la Chaussée, 2015, p. 80).
También lo que puede denominarse como “crítica destructiva” por la misma autora:
En contraposición a la crítica constructiva está la crítica destructiva o aniquiladora. Esta crítica tiende a atacar, devastar, desbaratar, destruir, descalificar o menospreciar la obra por sus evidencias, argumentos o juicios. La crítica destructiva tiene efectos inhibidores sobre la generación de ideas. Puede inhibir o anular al sujeto (De la Chaussée, 2015, p. 81).
Eso hay que evitar, no tiene por qué afectar el sentido primario de la crítica. La crítica verdadera puede generar disgusto, aclarar nuestra conciencia de lo peor de nuestra vida y de lo que nos rodea. Sin embargo, su verdadero sentido no es destruir, insultar, quejarse, hundir: es expresar una opinión con propiedad, con fundamento en conocimiento profundo de lo bueno y malo, ventajas y desventajas, con un componente de resolución de problemas, por ejemplo, los jueces, líderes religiosos o actividad laboral.
La autocrítica
“El propósito de la crítica en un cristiano, es crecer espiritualmente, guiar al discernimiento a los demás”.
La autocrítica forma parte de nuestra vida; es inherente al pensamiento del ser humano. Generalmente no se dimensiona o no se ejercita; por ende, no se asimila su implicación en las decisiones. Es necesaria para aprender y corregirse oportunamente. Tiende a manifestarse más en personas con alto principio moral y personalidad introvertida, por supuesto, también en personas extrovertidas, pero la autocrítica es notoria cuando estamos en soledad. Somos observadores, intentamos ver cuál es el grado de responsabilidad por cometer un error o, antes de juzgar al prójimo, primero nos autoanalizamos.
Cuando somos autocríticos, emplearemos una introspección de pensamientos: "Mirada interior que se dirige a los propios actos o estados de ánimo" (Real Academia Española, 2024). Una mente alerta identificará errores y aciertos propios, intentará evitar equivocarse. Ciertas personas se inclinan a un "perfeccionismo", por así decir, abusivo, y se exagerarán demasiado en su autoevaluación. Tienden a ser pesimistas, detallistas y directas al hablar sobre cosas; sin embargo, esto no es saludable, porque es un desequilibrio que puede conducir a desarrollar depresión. Un autocrítico en su sano sentido reconocerá sus pros y contras, lo bueno y lo malo. No solo lo malo y no solo lo bueno, sino todo consigo mismo. Tiende a pensar dentro de sí mismo mucho tiempo del día, inclinado a ver más sus propios errores antes que los de los demás.
En fin, existen aspectos positivos y negativos en la persona autocrítica que ejercita en su pensamiento. Hay que enfatizar lo bueno e intentar evitar lo malo de ella, pero dependerá del propósito, su uso. El propósito de la crítica en un cristiano, es crecer espiritualmente, guiar al discernimiento a los demás.
Puede ser un arma de doble filo
Puede ser "arma de doble filo". El individuo, al desarrollarla consciente e intencionalmente, puede usarla para pensar antes de actuar, ver sus posibles soluciones, qué evitar o mejorar, entre otros. También puede abusar de la autoevaluación, quedando en las teorías abstractas de su mente pensamientos sin concluir, desilusión, sin soluciones, frustración y solo ver los propios errores, lo cual es deprimente.
La autocrítica y su buen uso vendrían siendo como una "herramienta" de autoanálisis o autoexamen, juzgarse a sí mismo, las probables consecuencias positivas y negativas, y plantear una solución. También, vendría siendo como un "ejercicio" en lo reflexivo, para autocorregirse de errores y evitar consecuencias nefastas, imprudencias, insultos gratuitos, la hipocresía y otros ataques personales. Por último, vendría siendo como un hábito constante, una disciplina introspectiva, en la cual ejercitarse para enmendar errores en la resolución de problemas.
Lo anterior es beneficioso para tener una consciencia sensible con base en principios morales para ser consistentes.
El uso incorrecto de la autocrítica sería una "herramienta" que, al hacer un autoanálisis, se piense en lo negativo o en lo positivo en exceso. Solo en lo negativo, para ponerse depresivo, o solo en lo positivo, para tener falsas esperanzas que a la larga deprimen por no conformarse a la realidad; por lo tanto, se convierte en frustración. También sería como un "estado mental" que está enfocándose en lo negativo, en abstracciones sin conclusiones concretas para la resolución de problemas. Por último, si un autocrítico tiene férreos valores en principios morales, en especial con condenar la maldad. Puede ser peligroso este uso de la crítica en sí mismo; puede caer en pesimismo: "Se trata de un estado de ánimo y una manera de ver la vida, pero también de una corriente filosófica y de un rasgo psicológico que puede ser asociado a la depresión" (Equipo editorial Etecé, 2024), cerrado de mente, porque no verá casi nada bueno en sí mismo. También perfeccionista, según en el libro Madurez Psicológica y Espiritual, Wenceslao Vial declara: "Suelen actuar con un sentido anómalo del deber, sin reflexionar, haciendo las cosas porque hay que hacerlas y basta, por obligación y no por bondad o no de lo que se hace" (p. 175), pues casi nunca quiere admitir verse en sí mismo algo bueno; todo tiene error, se puede centrar en su persona y no en los problemas reales a solucionar, así encerrándose en su "mundo" como un círculo vicioso.
Lo anterior es peligroso, estanca, deprime y amarga la vida de todos a su alrededor, porque ese no es el fin de la autocrítica, es un motivo equivocado de su uso y hay que evitarlo. La autocrítica excesiva es destructiva. Se convierte en idolatría cuando nos centramos en nosotros y no miramos al Señor.
Relación con el cristiano
“La palabra crítica en el idioma griego, en una de sus etimologías (krítikos), significa “separar lo bueno de lo malo”.
¿En qué se relaciona la autocrítica con el cristiano? En todo, porque desde el instante en que un pecador se relaciona con Dios, es porque en su mente y en su corazón hubo arrepentimiento, convicción de pecado por el Espíritu de Dios (cf. Mateo 4:17; Santiago 4:8; Juan 16:8-13; Hechos 3:19-20). Entonces, al momento de ser salvado por Cristo, continúa la autocrítica en nuestras vidas, hasta que partamos del escenario de esta tierra: “Examínense ustedes mismos, para ver si están firmes en la fe; pónganse a prueba. ¿No se dan cuenta de que Jesucristo está en ustedes? ¡A menos que hayan fracasado en la prueba!” (2 Corintios 13:5 DHH).
Es obvio que la vida cristiana no se limita a la crítica o autocrítica, pero usándola en su sentido primario, es beneficiosa, un uso espiritual, por ejemplo, al momento de juzgar. La Escritura dice "no juzgues para no ser juzgado" (Mateo 7:1); en su contexto, se refiere a "no juzgar de manera hipócrita" (vv. 2-5). También, otra parte de la Escritura dice: "No juzgues por apariencia, sino con rectitud" (Juan 7:24). Cuando estudiamos estos versículos bíblicos, inmediatamente puede desarrollarse un pensamiento en la mente y concluir lo siguiente:
No debo juzgar si estoy viviendo en pecado o si no he confesado mi pecado, para no ser juzgado con esa misma vara. Antes de hacerlo, debo tratar contra mi pecado, después, veré bien para ayudar y corregir a mi prójimo, también, cuando juzgo, debo hacerlo con justo juicio, no de manera precipitada, ver más allá de lo que parece, no cegarme ante los hechos ni tener favoritismo y con una vida recta...
Para practicar y así no ser obstáculo a la hermandad. Es por una autocrítica desarrollada en nuestro pensamiento, con la influencia divina, con una consciencia guiada por el Espíritu Santo previamente. Se relaciona con discernir. La palabra crítica en el idioma griego, en una de sus etimologías (krítikos), significa "separar lo bueno de lo malo", y la Escritura habla lo necesario con respecto a la función de discernir.
Ahora, imagínese ese uso espiritual de la autocrítica, con la ayuda del Espíritu y con la palabra de Dios, cuántas cosas, situaciones incómodas o peligrosas nos ayudaría a evitar, relacionado especialmente con situaciones innecesarias, que nos hacen pecar y que al Señor no le agradan. Entonces, la función de una autocrítica consciente, desarrollada en nosotros, estimulada por el Espíritu Santo, puede usarse para nuestro beneficio, evitar pecados y situaciones precipitadas, como pueden ser:
Antes de apuntar con el dedo el pecado ajeno, primero evaluar si tenemos autoridad moral e integridad para hacerlo; antes de cometer el error de hacer una crítica hueca (sin solución) a alguien, primero idear una solución y, mejor aún, hacer la corrección con la debida compensación, no solo quedarse en palabra…
Si usted observa el evangelicalismo actual, esto se relaciona cuando predicamos la palabra, enseñamos, opinamos, reprendemos, en fin, cuando hablamos la exhortación y nos incluimos en ella. También esa exhortación es para uno primeramente, es decir, también es para quien la transmite. Que nadie se jacte ante el Señor.
“Jesús al decir “mirad que nadie os engañe” es una orden que implica uso de un discernimiento desarrollado, una evaluación crítica (cf. Mateo 24:4-7)”.
La autocrítica está en todas las áreas, pero no tomamos la debida atención, por ejemplo, los prejuicios anteriores. También cuando nuestra consciencia nos acusa, alerta de pecado cometido o a cometer, la silenciamos al justificar dicho pensamiento y acción pecaminosa. El motivo de esta publicación es la necesidad de la buena crítica y autocrítica como crecimiento espiritual que ha sido banalizada en esta sociedad. La misma iglesia del Señor parece ser reacia cuando ejercemos el justo juicio, el discernimiento, la crítica como que fuese impulsados por demonios y la inmadurez siendo que Dios es la fuente del verdadero discernimiento. Jesús al decir “mirad que nadie os engañe” es una orden que implica uso de un discernimiento desarrollado, una evaluación crítica (cf. Mateo 24:4-7), y la autocrítica para combatir nuestra propia hipocresía, o sea, una función espiritual. El posmodernismo, una reacción al modernismo (1880-1920) históricamente, intenta ideológicamente "deconstruir"; es como una reinterpretación de los fundamentos de éste y también de las verdades morales, principios objetivos en esta sociedad. Juan Camilo Puentes de su aporte “Lo posmoderno, una clarificación conceptual” en la Revista Humanidades de Costa Rica dice lo siguiente sobre esto:
[…] el posmodernismo, más que un acontecimiento, es una actitud crítica frente a los modelos hegemónicos (o como los denomina Lyotard (1984), las metanarrativas) en los que se fundamentan la sociedad y la cultura occidental; o más claramente, una posición reflexiva que busca sobreponerse ante cualquier explicación totalizadora de una manera crítica, suspicaz y escéptica (Puentes, 2022, p. 15).
En cuanto a la deconstricción,Óscar Ranulfo Ayala Aragón de su artículo “La deconstrucción como movimiento de transformación” en Ciencia, Docencia y Tecnología, declara lo siguiente:
[…] el proceso inherente a la deconstrucción revolucionaria implica más bien la aparición de nuevas y novedosas formas, mecanismos, configuraciones y estructuras mismas analizando, revisando y reinterpretando el fondo, a diferencia de una destrucción que implicaría la eliminación o aniquilación tanto de la forma como del fondo (Ayala Áragon, 2013, p. 85).
Los aportes de posmodernismo son evidentes para el mundo, el desarrollo de un pensamiento crítico es valioso, aun en cristianos. La consideración de la identidad humana, lo social, el valor cualitativo de las personas, la crítica contra el positivismo y racionalismo (la deshumanización y la explotación)… La iglesia no es la excepción y el problema es cuando se intenta deconstruir los cimientos de la fe. Lo demás es bueno, porque ha concienciado a la Iglesia a que sea más íntegra en su aplicación y no hundirse en el racionalismo de influencia modernista, aunque es más por la gracia de Dios. En una sociedad posmoderna, específicamente en ese polo donde se relativizan los principios y se normaliza la vulgaridad. Ve la crítica: innecesaria, al pecado no se nombra así, se proclama un antropocentrismo dentro del cristianismo: eres un campeón; somos "Jehová Junior"; el pecado "no es tan malo"; podemos "decretar, atar y arrebatar" lo que se nos antoja, porque somos "hijo del Rey". Entre otras artimañas que desvían a quienes no desarrollan su pensamiento crítico. El fariseo, el criticón, el extremista, el sin amor pasa a ser quien realiza una verdadera crítica, porque no entienden al no desarrollar el discernimiento, no existe madurez y se toman todo como ataque personal. Con razón puedo entender la molestia cuando se emplea una verdadera crítica, la molestia en corazones adormecidos en la tibieza. Es necesario hacerse autocríticas para ver si andamos en la luz. Reaccionemos con la importancia debida a la autocrítica en nosotros, la justa y debida importancia sin irse a extremos, porque la fe cristiana no gira en torno a la autocrítica; el fin no es esta, sino Cristo para que sea espiritual, con arrepentimiento, perdón, salvación del alma y ayudar a los demás.
La Escritura como fuente de discernimiento
“El discernimiento verdadero viene del Señor. La verdadera autocrítica nos ayuda a la santificación, ser sinceros ante Dios, juzgar con justicia”.
En la Escritura, observamos la función del Espíritu en nosotros como cristianos; está incluida la función de discernir, conocer, juzgar, por lo tanto, aplicable en forma de autocrítica. La palabra de Dios cumple la función de examinarnos:
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada oculta a su vista, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta. (Hebreos 4:12-13).
Ese discernimiento (crítica) está relacionado con su omnipresencia y sirve para examinarnos, ver con más claridad el pecado latente en nosotros, apartarnos del mal, reverenciar el nombre de Jesucristo. Esto es espiritual. Nada se escapa de su conocimiento ilimitado. Esta palabra viva viene siendo como "un espejo a la hora de leerla" que expone nuestras falencias, es decir, ver en qué condición estamos. Si andamos en el Espíritu o en los placeres pecaminosos (cf. Gálatas 5:17-23), tomamos lo bueno, dejamos lo malo y dependemos de Cristo. La palabra de Dios es nuestro parámetro para discernir y autoevaluarnos. Tenemos capacidad propia dada por Dios para discernir, pero con la ayuda de Dios y con su ley podemos ver realmente nuestra condición, y también conocer a Jesucristo.
La unción del Santo en nosotros, el Espíritu de Dios, nos da a conocer y autoconocer las cosas, lo de Dios y lo del diablo, lo verdadero, lo falso; nos ayuda a identificar quién tiene al Hijo y quién no lo tiene:
Pero vosotros tenéis unción del Santo, y todos vosotros lo sabéis. No os he escrito porque ignoréis la verdad, sino porque la conocéis y porque ninguna mentira procede de la verdad. ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo tiene también al Padre. En cuanto a vosotros, que permanezca en vosotros lo que oísteis desde el principio. Si lo que oísteis desde el principio permanece en vosotros, vosotros también permaneceréis en el Hijo y en el Padre. Y esta es la promesa que El mismo nos hizo: la vida eterna. Os he escrito estas cosas respecto a los que están tratando de engañaros. Y en cuanto a vosotros, la unción que recibisteis de El permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; pero así como su unción os enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera y no mentira, y así como os ha enseñado, permanecéis en El. (1 Juan 2:20-27).
El punto es el discernimiento espiritual que nos provee el Señor, en conocimiento, verdad, proveniente de la unción del Santo, de Jesucristo. El mismo Espíritu nos empodera para discernir, conocer, enseñarnos, identificar a los anticristos y no ser engañados. Deja ver la espiritualidad de cada cristiano. Si somos espirituales, podremos juzgar (discernir) todas las cosas, porque tenemos la mente de Cristo y emplear las palabras espirituales para explicarlas de la misma forma:
Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque se disciernen espiritualmente. En cambio, el que es espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado por nadie. Porque ¿QUIÉN HA CONOCIDO LA MENTE DEL SEÑOR, PARA QUE LE INSTRUYA? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo. (1 Corintios 2:14-16 LBLA).
La fuente de la autocrítica, para cada cristiano, es el discernimiento que el Espíritu Santo y su palabra nos dan. Así como el Espíritu Santo "nos da convicción de pecado, justicia y de juicio" (Juan 16:8), "por su bondad nos guía al arrepentimiento" (Romanos 2:4), sin estar "resistiendo su obra y su voluntad" (Hechos 7:51). Por medio de la Biblia discernimos, siendo base para nuestra autocrítica.
¡Qué mejor que nuestra autocrítica sea influenciada por la palabra de Dios como base y estimulada por el Espíritu Santo en nosotros!
Esa es la ventaja que gozamos como cristianos si constantemente nos rendimos ante Jesús. El discernimiento verdadero viene del Señor. La verdadera autocrítica nos ayuda a la santificación, ser sinceros ante Dios, juzgar con justicia. Quien emplee la crítica para condenar, la autocrítica para manipular y despreciar al cuerpo de Cristo, necesita tratarse con un psicólogo, arrepentirse de verdad. La autocrítica centrada en Cristo siempre edificará, destruye el egocentrismo para que el Señor sea el rey, y que solucionemos en lo probable nuestros problemas; la centrada en el perfeccionismo destruirá, distorsiona la autoestima y la humildad con ideas falsas de que en Cristo todavía somos basura y gusanos. Eso último es un pecado de negación de lo que somos en Jesús y nos lleva a una falsa humildad que nos centrará en sí mismo y no en Cristo: idolatría.
Lista de contraste
Propuesta comparativa en la autocrítica cristiana
Buen uso |
Mal uso |
Fortalezas y debilidades |
Solo fortalezas o solo debilidades |
Recapacitar |
Cegarse |
Arrepentimiento |
Sin cambio y sobreculpa |
Alerta |
Sobrealerta o indiferencia |
Introspección |
Sobreintrospección |
Justo juicio |
Juicio apresurado |
Integridad |
Hipocresía |
Considerado |
Desconsiderado |
En confianza |
Desconfianza |
Depende de Cristo |
Depende de la duda |
Centrarse en Dios |
Centrarse en sí mismo |
Resolución de problemas |
Sobrepensamiento abstracto |
Autoevaluación |
Autoevaluación destructiva |
Realista |
Hiperrealista o hiperidealista |
Perfectible |
Perfeccionista |
Prudencia |
Extremos |
Objetiva y subjetiva |
Solo objetiva o solo subjetiva |
Constructiva |
Destructiva |
Es necesario mostrar las dos caras y enfatizar la buena autocrítica como cristianos. Vivir el evangelio nos hace autocríticos; por lo tanto, seamos autocríticos para la gloria de Dios, fundamentados sobre principios bíblicos, no en rudimentos ajenos a la voluntad de Dios como la queja, las maldiciones, los insultos, discordias entre evangelistas o “ministerio de denuncias”: todo esto es desorden, una distorsión del discernimiento. Haciendo el énfasis necesario en el autodiscernimiento, no más ni menos. Cada predicador necesita de este tipo de autocrítica, la que nos guía a Cristo.
Esta ha sido la intención. Si fuéramos más autocríticos, no habría tanta hipocresía liderando nuestras congregaciones. No daríamos espacio a la soberbia y a falsos maestros, aunque se digan de “sana doctrina”. Existiría más corazones restaurados, hermanos cristocéntricos más que “pastorcéntricos” o “cultocéntricos”. Seríamos más disciplinados espiritualmente, no esperaríamos a que nos exhorten lo que deberíamos hacer.
Conclusión
La autocrítica funciona como autoevaluación. Debe funcionar en nosotros desde una fuente espiritual, de Dios, la palabra de Dios. Está relacionada con el cristiano para no ser engañado; en nuestra vida siempre necesitaremos nuestra propia crítica, para arrepentirnos, volvernos a Dios. Aclaraciones de malentendidos sobre la crítica y su definición, su real función. La importancia de la autocrítica, el real enfoque es llevarnos a depender de Jesús, no hacernos depresivos crónicos. La palabra, Dios y la función de discernir en nosotros, un enfoque espiritual, resumiendo con un contraste entre el uso de la autocrítica. La autocrítica espiritual ayuda a evitar la hipocresía, nos reta a vivir íntegramente, ejercitando un análisis influenciado por el Espíritu de Dios, en renovación de nuestra mente con la palabra de Dios, en dependencia hacia Cristo.
El Señor nos guíe a emplear bien la autocrítica en nosotros, que la autocrítica no nos estanque en nuestros errores, sino que nos lleve a los pies de Jesús.
Bibliografía
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Chaussée Acuña M., (2015). Aprendiendo a ser críticos. Revista Magistralis, XIV(28), 70-99. http://hdl.handle.net/20.500.11777/259
Leal Carretero, F., (2003). ¿Qué es crítico? Apuntes para la historia de un término. Revista Mexicana de Investigación Educativa, 8 (17), 245-261. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=14001714
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